Cuando un gobierno democrático
habilitó la puerta al infierno tan temido…
UN ACERCAMIENTO AL TEMA
Hoy día, diciembre de 2012,
está en boca de los principales periodistas, en los medios y en mucha gente la
inquietud relacionada al desarrollo de un proceso judicial sobre delitos de
lesa humanidad llevados adelante durante el gobierno peronista de María Estela
Martínez de Perón en 1975.
Es por eso que me permito acercar
en el blog una copia del Decreto de 1975 que autorizaba y legitimaba a las
Fuerzas Armadas a reprimir y aniquilar cualquier tipo de accionar que ataque el
orden constitucional vigente. Además de ello, aporto un material de mi archivo
y que pertenece a un prestigioso periodista tucumano en el que da pormenores de
lo sucedido en su tierra y que muestran la crudeza en su enésima potencia de lo
que se estaba gestando a futuro: una casta militar sanguinaria y asesina, sin
escrúpulos ni Valores que se condigan con la condición humana.
En éste punto del relato, me viene a la memoria la forma en que los Nazis
prepararon a sus tropas de exterminio y encuentro similitudes asombrosas: antes
de que las SS de Hitler salieran a la caza de ciudadanos extranjeros para
matarlos (gitanos, judíos, opositores, etcétera), primero lo hicieron con su
propia gente a modo de insensibilizar a la tropa seleccionada. De esa manera
cayeron los homosexuales, los dementes, los discapacitados, los todos aquellos
que no estaban contemplados dentro del plan ario. Aquí sucedió algo parecido.
En una parte del relato que sigue, podremos observar la férrea convicción
mesiánica de los altos jefes y de sus "logros" en cuanto a generar
tropas que no les tiemble la mano a la hora de matar a cualquiera. En fin, que
disfruten (en cuanto a enriquecer el conocimiento, por supuesto) de ésta
verdadera fuente histórica que nos propone Marcos Taire.
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| María Estela Martínez de Perón y el General Acdel Vilas pasando revista |
EL OPERATIVO INDEPENDENCIA
HACE 38 AÑOS ISABEL PERON ORDENO INICIAR EL GENOCIDIO EN TUCUMAN
Por
Marcos Taire
NOTA: El título original decía "Hace 30 años..." en razón de que fue escrito en 2005.
He incorporado ese nuevo guarismo para tratar de de evitar confusiones.
El 5 de febrero de 1975 Isabel Perón firmaba un decreto secreto ordenando al Ejército iniciar la 'Operación Independencia' en Tucumán. Comenzó así el genocidio que en octubre de ese mismo año el presidente interino Italo Luder amplió a todo el país. Los militares utilizaron el territorio de la más pequeña de las provincias argentinas para aplicar, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la metodología de la llamada 'guerra contrarrevolucionaria' que habían aprendido de los franceses primero y de los norteamericanos después. Sus ejes centrales fueron el terrorismo, el secuestro, la desaparición de personas y los campos de concentración donde se torturó y asesinó a miles de tucumanos. El pretexto de los militares fue 'neutralizar y/o aniquilar el accionar' de un minúsculo grupo guerrillero rural. El objetivo verdadero fue destruir el combativo movimiento popular tucumano.
Gobierno
títere en una provincia militarizada
El 9 de febrero, domingo de carnaval, la
provincia de Tucumán fue ocupada militarmente por tropas del Ejército, Gendarmería
Nacional, Policía Federal y Policía de la Provincia. Con
ellos llegaron centenares de especialistas de 'Inteligencia', que jugarían un
papel estelar en la represión que se iniciaba.
Al frente del llamado Operativo Independencia estaba el flamante comandante de la Quinta Brigada, general Acdel Vilas. Quienes iban a ser los jefes de este operativo (generales Salgado y Muñoz) murieron el 5 de enero en un accidente de aviación. Vilas fue designado en su reemplazo por su pertenencia al peronismo y su estrecha relación con el hombre fuerte del gobierno, José López Rega.
Al frente del llamado Operativo Independencia estaba el flamante comandante de la Quinta Brigada, general Acdel Vilas. Quienes iban a ser los jefes de este operativo (generales Salgado y Muñoz) murieron el 5 de enero en un accidente de aviación. Vilas fue designado en su reemplazo por su pertenencia al peronismo y su estrecha relación con el hombre fuerte del gobierno, José López Rega.
Desde el inicio del Operativo, Vilas se
transformó en el verdadero poder de la provincia, donde un gobierno títere
encabezado por el peronista Amado Juri toleró desplantes que llegaron a la
humillación e hizo la vista gorda frente a los atropellos. Además, aplaudió a
rabiar el accionar 'heroico' de los militares que desde ese día secuestraron,
torturaron, asesinaron, violaron y robaron a pobladores del campo y la ciudad
en total indefensión.
Vilas desplegó cuatro fuerzas de tareas en la
zona de operaciones, con 1.500 hombres que en poco tiempo superaron los 5.000.
Sin embargo, el trabajo sucio lo ejecutó otra fuerza de tareas asentada en la
ciudad de San Miguel de Tucumán, compuesta por militares, policías provinciales
y federales. Esta patota, responsable de la mayoría de los secuestros en la
capital provincial y sus alrededores, era coordinada y dirigida por oficiales
que dependían directamente del Comando de la Quinta Brigada.
Otra patota de policías provinciales tuvo sede en Concepción y operó con igual
grado de criminalidad que sus colegas de la ciudad. A su vez, los efectivos de
Gendarmería fueron destinados a la vigilancia y la represión en los poblados de
la zona rural.
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| ERP - Armado de explosivos |
Una guerra que
no fue
Durante el Operativo Independencia no hubo
combates. A lo sumo se puede hablar de algunas escaramuzas, en las cuales los
factores preponderantes fueron la confusión y el miedo. A raiz de ello varios
muertos de las tropas legales no lo fueron por el accionar de guerrilleros,
sino por las balas de sus propios camaradas, perdidos y asustados en medio de
la selva subtropical. La mitad de los pocos muertos de las fuerzas legales
fueron víctimas de accidentes de aviación.
Los máximos protagonistas reconocen que solo
pueden hablar de dos enfrentamientos de alguna importancia: Manchalá y San
Gabriel. En el primero, una columna de insurgentes se topó, mientras marchaba
para atacar el comando de Vilas, con soldados pintando una escuela.
Sorprendidos y confundidos, huyeron después de un intercambio de disparos. En
el arroyo San Gabriel, una docena de guerrilleros fueron matados sin piedad con
fuego de helicópteros artillados después de ser descubiertos en medio de un
cañaveral, en plena llanura, mientras esperaban su aprovisionamiento.
El jefe de la Inteligencia militar
durante el Operativo, coronel Eusebio González Breard, admitió que
'contrariamente a lo que se supone, la lucha en Tucumán se definió en la ciudad
y no en el monte'. Por su parte, Acdel Vilas, en un libro que el Ejército
impidió su publicación y que es una verdadera confesión criminal, afirmó que 'a
través del empleo de tropas escogidas y entrenadas para operativos irregulares,
se logró la victoria más importante de cuantas se obtuvieron en el año que
permanecí en Tucumán: revertir y transferir el temor de la propia tropa a la
subversión, con el agravante, para ésta, que el temor devino terror ante la
celeridad, eficiencia y dureza del Ejército'.
Vilas confesó que no fue a Tucumán a combatir la
guerrilla, sino 'la subversión'. Y en su delirio, consideraba que 'la guerra a
la cual nos veíamos enfrentados era eminentemente cultural' y 'de nada valía
comandar tropas en la selva, mientras no tuviésemos claro el problema
psicopolítico'.
Las víctimas de Vilas fueron los obreros y
estudiantes díscolos, los profesores universitarios a los que consideraba
ideólogos de la subversión, los abogados a los que odiaba porque pretendían que
se respetaran los derechos de los ciudadanos, los 'elementos disolventes: psicoanalistas,
psiquiatras, freudianos, etc.', según lo escribió en su libro.
El campo de
concentración, creación del Operativo
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| ERP - Compañía de Monte Ramón Rosa Jimenez |
La máxima creación de Vilas fue el campo de
concentración. Llamado en lenguaje militar Lugar de Reunión de Detenidos (LRD),
el primero y más importante funcionó en la Escuela Diego de
Rojas, en las afueras de Famaillá. Por allí pasaron alrededor de 2.000
secuestrados por las fuerzas de tareas del Operativo. La mayoría no sobrevivió.
Fueron sometidos a las más crueles torturas, asesinados y desaparecidos.
La custodia de los desaparecidos corrió por cuenta de los efectivos de la Gendarmería. Su secuestro lo ejecutaron patotas integradas por militares y policías. Las torturas ('sistemáticos interrogatorios' en palabras de Vilas) eran aplicadas por los oficiales de la Inteligencia militar.
La custodia de los desaparecidos corrió por cuenta de los efectivos de la Gendarmería. Su secuestro lo ejecutaron patotas integradas por militares y policías. Las torturas ('sistemáticos interrogatorios' en palabras de Vilas) eran aplicadas por los oficiales de la Inteligencia militar.
Simultáneamente con la 'Escuelita de Famaillá',
funcionaron campos de concentración en todas las bases militares donde se
asentaron las fuerzas de tareas del Operativo. Casi no hubo militares destinados
en Tucumán que no hayan participado en las atrocidades que se cometieron contra
el pueblo indefenso.
El pacto de
sangre
Al mes de iniciado el Operativo Independencia se
puso en marcha el 'pacto de sangre' ideado por el comandante del Tercer Cuerpo
del cual dependía Vilas, el general Luciano Benjamín Menéndez. Desde el 9 de
marzo comenzaron a llegar a Tucumán cuadros de todas las guarniciones del país
'en un proceso de relevos tendiente a que la mayor parte de los efectivos del
arma pasara por la zona de operaciones. Cada treinta días -dice Vilas- había
relevos de 17 oficiales subalternos y unos 50 suboficiales, los cuales (...)
eran distribuidos en las fuerzas de tareas'. 'En cuanto a los jefes -revela
Vilas- al cabo de un mes llegaban siete u ocho mayores o tenientes coroneles
nuevos'. Además, la tropa que componía las fuerzas de tareas era relevada cada
treinta días, lo mismo que los escuadrones de Gendarmería y Policía Federal.
Vilas reconoció que dejó de lado las normas
legales, éticas y morales para reprimir al movimiento popular tucumano. 'Hubo
que olvidar por un instante -un instante que se prolongó diez meses- las
enseñanzas del Colegio Militar y las leyes de la guerra' afirmó, y se
enorgulleció de haber empleado 'métodos no convencionales'. Al respecto, dijo
que 'los grupos especiales salían a operar día y noche, procediendo a ejecutar
o capturar al oponente'. Afirmó que era un 'mito del enemigo lo referido a su
capacidad de resistencia para soportar el castigo físico y psicológico: tarde o
temprano su capacidad se agota y termina quebrándose', vanagloriándose de haber
martirizado a ciudadanos indefensos, atados a un elástico de cama, al cual se
aplicaba la picana, se flagelaba, se violaba. Finalmente, Vilas afirmó que 'es
falso de toda falsedad que los hombres encargados de tomar declaración,
empleando muchas veces métodos no convencionales, quedasen traumatizados o con
psicosis de guerra'. La realidad, treinta años después, indica que pasó todo lo
contrario: el propio Vilas debió ser internado en una institución para enfermos
mentales. De los oficiales a su cargo durante el Operativo, muchos quedaron con
secuelas psicológicas graves y no fueron pocos los casos de suicidios.
Bussi, 'el
loco jardinero'
Vilas se fue derrotado políticamente, despreciado
por sus jefes directos -Menéndez y Videla- a mediados de diciembre de 1975. En
su reemplazo llegó Antonio Domingo Bussi. A la semana de hacerse cargo del
Operativo, Bussi llamó a Vilas para decirle 'general, usted no me ha dejado
nada por hacer'.
Antes de irse de Tucumán, Vilas afirmó que la
'subversión' había sido completamente derrotada. Sin embargo, Bussi perfeccionó
la criminalidad desbordada de las hordas de Vilas. Creó nuevos campos de
concentración y uno de exterminio, construido a imagen y semejanza de los
campos de los nazis, con alambrada de púas perimetral, torres de vigilancia,
barracas para prisioneros y terrenos para fusilamientos. Funcionó en el Arsenal
Miguel de Azcuénaga, en las afueras de San Miguel de Tucumán. Allí Bussi mató a
Ana Corral, de 16 años, de un balazo en la nuca. Allí sus oficiales disparaban
después de él, sellando el pacto de sangre, en un rito de cobardes asesinando a
prisioneros indefensos.
A los tres meses de hacerse cargo del Operativo,
el golpe de estado entronizó a Bussi en la gobernación de la provincia. Tenía
todo el poder, era gobernador, comandante de la Quinta Brigada de
Infantería y jefe del Operativo Independencia.
A los pocos días los tucumanos se enteraron que
le decían 'el loco jardinero', sobrenombre que le habían puesto sus propios
camaradas cuando siendo jefe de regimientos de infantería se preocupaba más por
las plantas y las flores que por la preparación para el combate. En Tucumán,
además de las plantitas y las florcitas, su obra de gobierno se caracterizó por
hacer pintar de celeste y blanco todos los tanques de agua. Y por obligar a
detenerse y en posición marcial rendir homenaje a la bandera a todos los
transeúntes que osaban cruzar la Plaza Independencia a la hora de Aurora.
Ahora los tucumanos intuyen que también se
dedicó a robar. Para ello tuvo la complicidad de los industriales azucareros,
los grandes cañeros, la burguesía asustada que aplaudió los crímenes. Le
aportaron en el Fondo Patriótico Azucarero cifras millonarias que manejó a discreción
sin ningún control. Suponen que allí está el origen de las cuentas secretas que
se le descubrió en Suiza.
El balance
del Operativo
| ERP - Revista de cuadros en los montes tucumanos |
Como ya lo señalara la Comisión Bicameral,
los militares 'orientaron su verdadero accionar a arrasar con las dirigencias
sindicales, políticas y estudiantiles'. La mayoría de las víctimas fueron
obreros de la industria azucarera, peladores de caña, jornaleros, pequeños
almaceneros, carniceros y estudiantes. La Universidad de Tucumán
registra el mayor porcentaje de desaparecidos de todo el país. Nueve de cada
diez personas fueron secuestradas en sus domicilios, lugares de trabajo o en la
vía pública. Se fraguaron decenas de combates con cadáveres de jóvenes que
habían sido detenidos varios días antes, torturados y asesinados. La inmensa
mayoría de los operativos se llevaron a cabo de noche, con zonas liberadas,
decenas de hombres armados hasta los dientes y encapuchados, las luces del
alumbrado público cortadas. La proporción de 'valientes combatientes' contra
'peligrosos subversivos' en cada allanamiento o detención en la calle, era de
15 o 20 a
uno. Además, ese uno siempre estuvo desarmado.
Vilas y Bussi comandaron una horda de
criminales, ladrones y violadores. Nunca participaron de combate alguno,
simplemente fueron represores de un pueblo valiente y combativo que durante
décadas se había animado a luchar contra un orden injusto.
Fuente: www.groups.msn.com/forodelosperros
Este Decreto del Poder Ejecutivo encabezado por María Estela Martínez de Perón, "Isabelita", autorizaba y legitimaba el accionar represivo de las Fuerzas Armadas en la vida institucional de nuestra República Argentina.





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